Lamentablemente...
En la cultura de la apariencia,
el contrato de matrimonio importa más que el amor,
el funeral más que el muerto,
la ropa más que el cuerpo
y la misa más que Dios.
El espectáculo de la democracia importa
más que la democracia;
mientras ella camina en puntas de pie,
pidiendo disculpas por molestar.
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