Hans y Jenny
No recuerdo cuándo fue que encontré esta historia. Ni siquiera tengo al autor.
Hace muchos años tenía un libro gordo y viejo, de los cuentos de Andersen. Creo que el mejor libro que podía haber tenido una pequeña niñita de mas o menos 8 años.... Por eso quería a Andersen, porque podía viajar a otro mundo con él, no solo por su forma de escribir el Patito Feo o la Sirenita o el soldadito de plomo... sino porque él se los inventó! Pero no sabía mucho de su vida hasta que encontré esta historia sobre él y Jenny Lind.
Hans y Jenny
Verdaderamente, nunca fue tan claro el amor
como cuando Hans Christian Andersen amó
a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.
Hans y Jenny eran soñadores y hermosos,
y su amor compartían, como dos colegiales
comparten sus almendras.
Amar a Jenny era como ir comiéndose una manzana bajo la lluvia.
Era estar en el campo y descubrirque hoy amanecieron maduras las cerezas.
Hans solía cantarle fantásticas historias del tiempo
en que los témpanos eran los grandes osos del mar.
Y cuando venía la primavera, él la cubría con silvestres
tusílagos las trenzas.
La mirada de Jenny poblaba de dominicales colores el paisaje.
Bien pudo Jenny Lind haber nacido en una caja de acuarelas.
Hans tenía una caja de música en el corazón,
y una pipa de espuma de mar, que Jenny le diera.
A veces los dos salían de viaje por rumbos distintos.
Pero seguían amándose en el encuentro de las cosas menudas de la tierra.
Por ejemplo, Hans reconocía y amaba a Jenny
en la transparencia de las fuentes y en la mirada
de los niños y en las hojas secas.
Jenny reconocía y amaba a Hans en las barbas de los mendigos,
y en el perfume de pan tierno y en las más humildes monedas.
Porque el amor de Hans y Jenny era íntimo y dulce
como el primer día de invierno en la escuela.
Jenny cantaba las antiguas baladas nórdicas con infinita tristeza.
Una vez la escucharon unos estudiantes americanos,
y por la noche todos lloraron de ternura sobre un mapa de Suecia.
Y es que cuando Jenny cantaba, era el amor de Hans lo que cantaba ella.
Una vez hizo Hans un largo viaje y a los cinco años estuvo de vuelta.
Y fue a ver a su Jenny y la encontró sentada, juntas las manos,
en la actitud tranquila de una muchacha ciega.
Jenny estaba casada y tenía dos niños sencillamente
hermosos como ella.
Pero Hans siguió amándola hasta la muerte,
en su pipa de espuma y en la llegada del otoño
y en el color de las frambuesas.
Y siguió Jenny amando a Hans
en los ojos de los mendigos y
en las más humildes monedas.
Porque verdaderamente, nunca fue tan claro el amor
como cuando Hans Christian Andersen amó
a Jenny Lind, el Ruiseñor de Suecia.
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