Azul
Ok, está a punto de morir de nuevo... debería haberlo visto venir.
De hecho lo vio pero no lo quiso aceptar... y entonces se han encendido todas las alarmas, aunque el vértigo continúa seduciéndola a pesar de todas esas lucecitas rojas que revolotean a su costado advirtiéndole el peligro. Muy en el fondo algo le dice que no sea tan masoquista. Que se detenga antes de que sea tarde.
- No es buena idea. No des un paso. Es hora de dirigirse en otra dirección. Cierra todas las puertas, cancela toda las vías o morirás de nuevo... y no es eso lo que queremos ¿verdad?
Fénix sabía que Pleyd tenía razón, ninguna muerte sería tan terrible comparada con ésta. Y además sería estúpido morir por algo que ni siquiera podía tener, ni aún naciendo de nuevo. Siempre sería tarde para el valor. Siempre ganaría el miedo, siempre ganaría el tiempo, siempre... siempre... ¿siempre? y entonces se dió cuenta de lo sórdido que tiene que ser el destino, para mostrarle lo que no puede tener. El señor destino siempre fue un jodido con planes impredecibles, pero que sólo sabe él porque tiene personalidad de cronómetro. Planes que hace cumplir de forma exacta, en el momento exacto, con los exactos idiotas involucrados. Y cuando crees que puedes torcerle el juego, él saca esa carta que se guardó en algún bolsillo, te pone de cara al miedo y te hace un jaque mate sin anestesia.
- No hay siempres ni nuncas... pero ni tu ni yo debemos estar aquí, tan cerca de ese abismo. Un paso más y perderás el corazón... y la vida. Me pregunto si estás escuchando. El destino y tú habían establecido las reglas del juego. Fue un pacto. Te lo recuerdo para que no lo responsabilices a causa de tu mala memoria... ¿me estás escuchando?
Lo oía lejos, muy lejos.... su corazón se había encargado de volverla sorda, latía tan fuerte a causa del vértigo que todo sonido perdía importancia. Su corazón indefenso en medio de esa sensación extraña, desesperante, fría y hermosa como el azul... incompresible para Pleyd.
Pero este no era el juego limpio que a ella le gustaba jugar. Aunque ya no sabía si era ella la que jugaba con su mente... ¿o jugaban?...le quedaba la duda, había observado tantos juegos, de lejos, entre otros... sabía que era posible.
- Por supuesto, es así... siempre es así. Un juego mental que desciende al corazón. Un juego tuyo, o de otros... un juego que este abismo puede terminar si te caes, cortando en dos a tu corazón. Ya sabes lo que tienes que saber. Ya escuchaste lo que necesitabas oír, No hay nada más que debas ver. No hay nada para ti ahí. Ningún amor de tierra al que aferrarse, solo aire que va y viene. No sé qué estás esperando y eso me mantiene intranquilo. Hazme caso, por favor...por favor...vámonos.
Fénix se tocó la cara, le corría una enorme y nada discreta lágrima salada... un trocito de ese mar que pensó que se había secado..... Pero no, siempre descubría que había más, y más, y más.... Y esta vez, esa única lágrima era igual a esas gotas que se escapan por la rajadura de una represa que ya no puede contener más la violencia de los sentimientos... que anuncian un tsunami emocional.
"No quiero morir ahogada, si me dejo arrastrar voy a llenar ese abismo con todo el mar que llevo dentro, perderé mi corazón en la caída.... "- pensó
- Siempre te dije que tomes los riesgos. Pero esto es un suicidio. No puedes morir ahora. No puedes. Hazme caso, cierra los ojos, voltea despacio y camina sin mirar atrás. Y cuando hayas dado unos cuantos pasos en tierra firme, trata de volar por encima de las complicaciones emocionales tuyas y de otros... regresa a la cordura, regresa aquí, regresa conmigo.
Fénix y Pleyd en el abismo emocional

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