Margarita, está linda la mar...



Cuando era niña, mi abuela me recitaba un cuento-poema que me gustaba mucho. Era tan lindo que me lo aprendí de memoria y entonces lo repetía con ella, que me miraba a lo ojos contenta.
Nunca lo busqué ni en libros ni en internet, hasta que me topé con él de casualidad, en las frases cortas que mi mejor amiga pone en su trabajo fotográfico, y ese poema junto con las cosas bellas que ella hace, transforman las fotografías de los niños en obras de arte.
Luego encontré la historia detrás del cuento. Margarita sí existió y además había vivido en mi país. 

Aquí está lo que encontré y también el poema entero.


Margarita era hija del  Dr Louis Henri "El Sabio Debayle", un importante médico nicaragüense que estudió en París, Francia y regresó a Nicaragua con una máquina de rayos X , y además el médico de Rubén Darío. Su madre fue doña Casimira Sacasa Sacasa de Debayle, hija del entonces Presidente de Nicaragua Roberto Sacasa y Sarria.

La familia Debayle Sacasa invitó a Rubén a pasar el verano en la isla del Cardón, donde tenían una casa. Y una tarde cerca de la playa, sentado en una roca, él escribió el famoso poema "Margarita, está linda la mar" a la entonces niña Margarita, quien le había pedido que le escribiera un cuento en versos.

Margarita, vivió la mayor parte de su vida en su Nicaragua hasta un mes antes del triunfo de la Revolución Sandinista, que expulsó del poder a su sobrino Anastasio Somoza Debayle, hijo de su hermana mayor, Salvadora. Margarita se trasladóa Miami y finalmente a Lima, Perú, donde vivía su hija menor María de Lourdes, y donde murió en 1983. Sus cenizas fueron depositadas en la Catedral de León, Nicaragua, cerca de la tumba de Rubén Darío y la de sus padres.

Margarita
Debayle de Pallais fue una mujer singular, que llevó tatuado el honor de haber sido la inspiración del poema que Darío le escribiera siendo apenas una niña, poema que hasta el día de hoy las madres leen a sus hijos en la península Ibérica y en la América Latina. El escritor mexicano Carlos Fuentes le pidió al también escritor Sergio Ramírez que titulara "Margarita está linda la mar", novela que le ganó el primer Premio Alfaguara en 2001.




Margarita, está linda la mar



Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:

Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.

Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.

La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.

Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.

Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.

Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.

Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.

Y el rey dijo: «¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».

La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».

Y el rey clama: «¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».

Y ella dice: «No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».

Y el papá dice enojado:
«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».

La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.

Y así dice: «En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».

Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.

La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.

* * *

Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.

Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.


Rubén Darío
1867 - 1916



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