Qué semáforo de porquería!
Parada en una avenida de doble sentido enorme, viendo como el tiempo se entretiene en torturar a los humanos disfrazado de semáforo; y debajo de una lluvia que no es tal, sino apenas gotitas que caen como locas chocándose unas con otras, pero que igual mojan todo, menos tu corazón sediento... sintió su mano sobre el hombro... menos mal, menos mal siempre estaba ahí o volvía cuando ella empezaba a sentirse así.
-Pleyd... ¿por qué diablos los Fénix deben conocer su destino?
- No es que deban conocerlo, lo intuyen. Es perfectamente normal despues de morir, renacer, morir... ¿no te parece?
- No me gusta saber algunas cosas. Otras sí, pero no sé los detalles y eso me pone nerviosa. Y además todo es alrevés. Lo que no quiero saber, luego resulta positivo. Y lo que me agrada saber, se convierte en la nada misma. Además, muchas veces, duele saber. Aunque con eso no digo que deseo mentiras, ni mentirme. Solo digo que quisiera no ver tanto!
- Te gusta ver... no te gusta sentir todo lo que ves. Quizás es sólo que tienes que abandonarte y dejar la sensación pasar. Como esta calle. Ese semáforo. Tu decides cuándo pasan y cuándo no. Para eso está el tiempo, para ayudarte a decidir. Y cuando pasan los autos, hacen mucho ruido, pero pasan... todo pasa. Son instantes. Nada es para siempre.
-Sí, es verdad... sólo son las cosas fijas las que me asustan. Nada tan horrible de ver como el estancamiento. Casi como esos edificios tan deteriorados del 60 justo aquí enfrente ¿los ves? lo que un día fue bello, ahora es una estructura que se niega a morir. Nada como el estancamiento para hacerte sentir la miseria.
Es casi como si hubiera estado ahí y no quisiera volver a eso. Casi puedo sacarme con una pinza el recuerdo que se me está disparando. Pero no puedo atraparlo, llega a mi mente, se despliega y zas! es tarde. No me gusta saber algunas cosas. Definitivamente envidio a los seres que no ven más allá de sus narices en momentos así. Que no saben ni se dan cuenta que el lugar donde uno vive, se impregna tanto de nosotros, que hablan por sí solos de cómo somos. Que nos cuentan la historia de nuestras vidas.
Pleyd no dijo nada, sólo la besó en la frente y la abrazó un rato, luego la dejó respirando tranquila mientras atravesaba la avenida.
Fénix y Pleyd en una ciudad de 2 caras.
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