Confiar en alguien…



Confiar en alguien…




¿Realmente confiamos en la gente? 
¿Hasta dónde llega nuestra fe en otra persona? 
¿Podemos realmente volver a confiar en alguien 
que nos ha decepcionado? 


Todo el mundo plantea siempre su confianza en otra persona, en que existe alguien en quien se confía total y absolutamente, pero también el mundo habla de la desconfianza que tiene en sus parejas, sus amigos, su familia.

Realmente, a los seres humanos, nos cuesta tanto ser sinceros con nosotros mismos que el pensar en serlo totalmente con otra persona parece casi imposible.

Y no hablo de grandes cosas, sino de cosas pequeñas, de los pequeños detalles que nos duelen de otras personas y que callamos y almacenamos.

Entonces, ¿realmente alguna vez llegamos a abrir completamente nuestra alma a alguien de modo que todos nuestros miedos, toda nuestra humanidad se puedan compartir con otro? Nos gustaría pensar que podemos coger la mano de alguien y sentir que no se va a soltar nunca y que pase lo que pase, cualquier cosa, desde la más feliz a la más aberrante, esa mano nunca se soltará, nunca temblará, nunca la notaremos vacilante, sino que nos agarrará fuerte y no harán falta palabras, porque nuestro corazón lo sabrá, sabrá que ya está todo bien.

Cuando le contamos algo a un amigo, siempre contamos lo superficial, “hechos”…casi como relatásemos una crónica de un partido de fútbol o el argumento de una película: “fui, hice, vi, comenté…”. Pero, ¿cuántas veces contamos lo que realmente sentimos al respecto? “Me sentí solo, me sentí triste, me haces daño con tus palabras, no me gusta cómo me hablas, no te comprendo…” ¿Cuántas veces callamos parte de lo que pasa por miedo? Miedo a que no comprendan, a que nos miren de otra forma… y ese miedo no es sino otro tipo de desconfianza, porque realmente no confiamos en que la otra persona pueda mirarnos a los ojos y ser capaces de, por un instante, pensar a través de nuestros sentimientos.

Por eso nos cuesta menos abrir nuestros verdaderos sentimientos a un desconocido, porque realmente no nos importa lo que piense, no volveremos a ver su cara y no tendremos que pensar en lo que nos dirá mañana.

“Dos monjes estaban sentados en plena naturaleza. Uno de ellos estaba rodeado de conejos y el otro no. El que no tenía conejos a su alrededor le dijo al otro:

- ¡Eres un santo! ¡Es increíble! Todos los conejos están a tu alrededor, mientras que huyen de mí. ¿Cuál es tu secreto?

- No tengo ningún secreto. No como conejo. Eso es todo”

Los conejos confían en el monje porque saben que nada malo les depara su compañía. Del mismo modo, cuando quieras que alguien confíe en ti, no lo juzgues, no intentes imponer tu postura, no pienses solo en ti, piensa a través de su historia, ponte en su lugar, camina por un momento en sus zapatos. 

Cuando quieras que alguien confíe en ti, no decepciones sus sentimientos, no gires tu cabeza cuando te hable, no lo utilices, no lo manipules, no le mientas y no ignores sus alegrías o sus sufrimientos, porque la vida es un ciclo que ajusta cuentas, que salda deudas, que repara errores y que al contrario de nosotros, tiene memoria.



.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Volveré hasta despertar...

Esa necesidad de siempre...

Controla tus pensamientos....