Donde habite el olvido...
¿Dónde habita el olvido?
En el mar de la tristeza,
donde los sentimientos mueren
ahogándose... con muertas lentas...
O quizás en el abismo de la indiferencia.
El único abismo donde no quiero caer.
Donde no quiero lanzar a nadie...
...a nadie.
Y como encontré por ahi:
El olvido, antes de ser olvido
es siempre ausencia.
Ausencia del otro.
Ausencia del otro.
Ausencia de uno mismo.
El olvido habita en un lugar en que
El olvido habita en un lugar en que
la ausencia dejar de tener presencia.
Donde la ausencia ya no produce
dolor ni tristeza.
Donde ya no importa el ausente.
Donde la ausencia ya no produce
dolor ni tristeza.
Donde ya no importa el ausente.
Pero basta una palabra para
que las ausencias retornen.
Así pues, el olvido habita en el lugar
en que no existen las palabras.
DONDE HABITE EL OLVIDO
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea memoria de una
piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa
a sus insomnios.
Donde mi nombre deje al cuerpo
que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor,
ángel terrible,
no esconda como acero,
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea
mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán
que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla de ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
Luis Cernuda
DONDE HABITE EL OLVIDO
Donde habite el olvido,
En los vastos jardines sin aurora;
Donde yo sólo sea memoria de una
piedra sepultada entre ortigas
sobre la cual el viento escapa
a sus insomnios.
Donde mi nombre deje al cuerpo
que designa en brazos de los siglos,
Donde el deseo no exista.
En esa gran región donde el amor,
ángel terrible,
no esconda como acero,
en mi pecho su ala,
sonriendo lleno de gracia aérea
mientras crece el tormento.
Allí donde termine este afán
que exige un dueño a imagen suya,
sometiendo a otra vida su vida,
sin más horizonte que otros ojos frente a frente.
Donde penas y dichas no sean más que nombres,
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo;
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo,
disuelto en niebla de ausencia,
ausencia leve como carne de niño.
Allá, allá lejos;
Donde habite el olvido.
Luis Cernuda
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