I Flashback en la noche
Salgo de un cuartel, está en medio de una zona agreste, falta poco para que el sol termine de ocultarse.
Llevo un pantalón oscuro, una chaqueta oscura. botas negras muy pesadas, y un gorro con viscera. un kepí. Tengo un morral que cargo sobre el hombro con unas pocas cosas, que parecen ser ropa.
Salgo al camino, por donde viene un viejo y destartalado bus verde oscuro. Se detiene a recogerme, me subo y me acomodo entre los campesinos que llevan costales de cebollas.
Esas cebollas, su olor... tan fuerte... impregna todo el bus. Los campesinos tambien huelen muy fuerte y muy mal. Hay una señora frente a mi que se ha sentado sobre su costal de cebollas, lleva un pañuelo cubriendole el cabello ya canoso. Es robusta, con las manos llenas de callos, negras por la tierra, y me mira desde sus ojos claros pequeñitos en un rostro cubierto por las arrugas.
Yo... no entiendo nada... solo soy un muchacho joven, a las justas cuento con 20 años quizás. Soy alto, delgado, tengo el pelo muy claro y no soy para nada feo. De hecho, a ninguna chica le importa que no tenga modales, y que además sea muy arrogante a pesar de mi poca instrucción. No sé nada del mundo... creo que no he ido a la escuela... tengo esa sensación. Apenas leo, como un niño de 7 años, con mucho cuidado palabra tras palabra. Yo no sé nada... solo sé que me gusta una muchacha de pelo oscuro y largo, que vive en el pueblo al que lenta y pesadamente se dirige el bus al atardecer.
Yo no la quiero, sólo me gusta. Pienso en ella, en acostarme con ella. y ese pensamiento me distrae del olor de las cebollas y del sudor, y de la tierra.confieso que tampoco estoy muy limpio, pero nunca me gustó la gente sucia.
Creo que siento rabia dentro de mi, pero no logro identificar porqué. No creo tener familia que se preocupe de mí, y si la tengo, no me interesa.
Miro a esos campesinos, tan ajenos a mis pensamientos... tan lejos de mi rabia... y siento desprecio. En el fondo ese desprecio es miedo. No quiero terminar así. No quiero convertirme en eso. Todo en ellos huele a pobreza, a miseria, a trabajo rutinario y sacrificado, pero que nunca a alcanza para llenar el estómago ni para hacer volar los sueños... todo se trata de eso, nada más. Yo quiero ir más allá.
Se desata la lluvia, luego se sienten los truenos, se ilumina la noche, ha caído un relámpago... yo estoy acostumbrado. Durante el trayecto muchos conversan, escucho lo que dicen, hablo un poco, luego alguien me habla pero yo lo ignoro... creo que no me gusta hablar con ellos, a decir verdad siento que no me importan.
Sigue otra iluminación más brillante, y me sonrío, me gusta eso... de mi boca salen las palabra casi en un susurro, solo para mi... y de todas ellas, sólo recuerdo: "eclairs".
Abro los ojos en medio de la noche, y aun medio dormida sigo hablando en aquel idioma que mi hoy desconoce. Mi mente está aun muy confundida. Es tan poco lo que puede hacer una niña de 9 años para entender un sueño como éste.
Tardaría casi 12 años en saber y sin buscarlo, que eclair, el nombre del pastel que me gustaba comer a los 21 años en la pastelería de una ciudad grande, en realidad significaba "relámpago".
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